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EL TDAH: UNA APUESTA POR LA SUBJETIVIDAD

Vivimos en un mundo, donde cada vez mas niños y adolescentes son diagnosticados, con TDAH y donde no se les escucha en sus malestares y dificultades. Pasan a ser consumidores, tanto de objetos como de medicamentos; se les exige que rindan a toda costa y si para ello fuera preciso drogarles así se hace.

El TDAH como otros muchos síntomas, se explican de forma única y se olvida la manera en que cada sujeto goza, desea, sufre y vive.

Cuando todo es producto de una alteración biológica, ¿Dónde queda la subjetividad, lo más íntimo del ser humano?

Como dijo Lacan: “Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época”.

Cuando escuchamos decir, que un niño es TDAH; así entendido, dicha nominación apunta al ser y creo que tiene más que ver con el tener que con el ser.

Si un niño tiene  un comportamiento o una conducta inapropiada, se ha de escuchar a ese niño desde su singularidad, uno por uno.

Preguntarse: ¿Que es lo que le pasa a ese niño? ¿Por qué sufre?  ¿Qué nos está diciendo con su comportamiento? ¿Por qué resulta, tan angustiante para los otros? 

La singularidad de cada sujeto, no tiene parecido alguno con otra singularidad. Por tanto, es imposible de evaluar por un recurso estadístico.

Estos niños que, por lo general, se portan mal en clase, que no pueden parar quietos un momento, que no controlan sus impulsos, que no escuchan a quien les habla cuando se les pregunta por sus acciones,Ç«—o pueden responder cabalmente de ellas. No las subjetivizan, no las hacen suyas.

Son niños que presentan una imagen ideal más precaria respecto a otros niños en los que la imagen queda claramente anudada a ideales simbólicos y por ello muy sometida a la tensión agresiva con los compañeros. No terminan de situarse como uno más entre ellos, pues quieren destacar todo el rato.

Todo y que no estamos en el mismo punto que hace unos años y que hoy en día, ya se han pronunciado muchas voces, alertando del creciente número de niños diagnosticados, no podemos bajar la guardia.

Cuando hablamos de TDAH de que estamos hablando, ¿de un trastorno? ¿de una epidemia?¿de un negocio? Son preguntas que se hace la autora Heike Freire en su libro ¿Hiperactividad y déficit de atención?

Tanto la psiquiatría como el psicoanálisis tienen en cuenta el síntoma y apuntan a él, pero como sabemos la orientación que cada uno le da es diametralmente opuesta.

En psiquiatría, el individuo es tomado como un objeto de estudio, para poder incluirlo en la generalidad de una clasificación diagnóstica. Se pretende controlar con la medicación, lo incontrolable de la singularidad de cada sujeto, mientras que en psicoanálisis el sujeto, es tomado uno por uno, con su singularidad.

En psicoanálisis el síntoma también es signo de que algo no marcha bien, pero la diferencia está en que no hay saber sobre

el mismo, porque se trata del saber inconsciente, de algo que está reprimido para el sujeto y precisa ser descifrado.

Freud dijo que el malestar, el sufrimiento y el dolor humano es insoslayable. Están y estarán siempre con el ser humano. Subraya así, la imposibilidad en el ser humano, para lograr una adaptación y felicidad total.

Hoy en día a pesar de los avances de la ciencia, la hiperconectividad y la globalización, el malestar persiste revestido de otras formas. Se pretende crear un hombre nuevo apelando a razones genéticas y negando la subjetividad.

En este momento histórico en que se pretende evitar todo vacío, llenarlo de objetos que ilusoriamente nos satisfagan, se propugna como ideal a la libertad absoluta. Se pretende que exista un único

sentido de la vida; una vida sin ser viviente, obviando al sujeto que la habita,  su individualidad,  su deseo inconsciente y capacidad de elección.

No me gustaría concluir, sin añadir un nuevo punto a este tejido; una nueva aportación, que no puede dejar de implicarnos, no solo como profesionales de la salud mental, sino como sujetos de nuestra sociedad.

No podemos reducir el inconsciente, el sujeto histórico, a un neurotransmisor. Esta quizás sea una apuesta fuerte del psicoanálisis de nuestra época, a la que no debemos renunciar.

Matilde Mayor Psicoanalista y Psicóloga.

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